Pareja

ATENCIÓN PSICOLÓGICA

 

Pareja

Cuando el amor no es suficiente

La vida nos obliga a conjugar en el marco de la pareja muchas necesidades diferentes y complejas. La educación de los hijos, las obligaciones económicas, las relaciones con las familias de origen, la vida social, el ocio, etc. En este complejo entramado además, en ocasiones, pretendemos que la pareja satisfaga todas nuestras necesidades afectivas individuales. La pareja está sometida a una exigencia que sin duda supera los límites del vínculo amoroso de la que nació. Las crisis y conflictos son parte de su proceso vital pero a veces, cuando no se resuelven adecuadamente, pueden deteriorarla a tal punto que olvidamos lo que nos ha unido y aparecen todo tipo de disfunciones que pueden manifestarse a nivel emocional, sexual, comunicativo, relacional o físico. En estas circunstancias necesitamos ayuda.

 

Mucho más que comunicación eficiente

 

Nunca somos lo suficientemente conscientes del verdadero poder de la palabra. Con ella hacemos mucho más que transmitir contenidos. Construimos con sus formas las emociones que dan cualidad y definen nuestros vínculos. Las personas en la comunicación nos cambiamos y modelamos mutuamente.

En la pareja, con frecuencia, condicionados por todas las cargas, responsabilidades y frustraciones, transformamos la comunicación en una batalla y olvidamos lo más sustancial de su naturaleza: en la pareja solo hay dos ganadores o dos perdedores. Aprender a dialogar significa ser más eficiente y competente en la comunicación y transformar los conflictos en acuerdos, pero además es una forma de mejorarnos a nosotros mismos y a lo que nos rodea

 

 

 

Desapego

y dolor

 

 

 

En ocasiones, las parejas no discuten, se castigan con una indiferencia total a pesar de estar emocionalmente muy unidos. Esta indiferencia se manifiesta en el rechazo sexual, incomunicación , sentimientos de frustración y resentimientos hacia el otro. Los sentimientos negativos necesitan una forma de manifestarse, no se pueden postergar ni reprimir porque conducen a fomentar la rabia, a mantener posiciones rígidas y a que cada miembro de la pareja atribuya las mismas acusaciones al otro.